ERSA y San Lorenzo aplican un esquema de horarios cortados amparados en el proceso preventivo de crisis. Más de 60 unidades dejarán de circular en horarios de menor actividad.
En medio de la emergencia que atraviesa el sistema de transporte urbano en Corrientes, dos de las tres empresas prestatarias decidieron avanzar con una fuerte reducción del servicio que ya impacta en miles de usuarios. Se trata de Ersa y Transporte San Lorenzo, que implementaron un esquema de circulación mediante horarios cortados, lo que implica que al menos 60 colectivos dejarán de operar durante los períodos de menor demanda.
Según explicó el secretario general de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) de Corrientes, José Luis Sabao (que pareciera oficiar de vocero de las empresas), justifican la medida en la vigencia del proceso preventivo de crisis, que habilita a las firmas a reorganizar su funcionamiento en busca de sostener la actividad. Según explicaron desde el sector, el objetivo es reducir costos operativos -principalmente en combustible- y concentrar las unidades en las franjas horarias de mayor circulación de pasajeros, donde la recaudación resulta más alta.
De este modo, las unidades que se retiran durante las horas de menor demanda y son reincorporadas en los horarios pico, con la intención de reforzar la frecuencia en esos momentos. Sin embargo, esta reorganización implica una merma significativa del servicio en gran parte del día y sobre todo a la noche, lo que genera demoras, esperas más prolongadas y mayores dificultades para quienes dependen del transporte público para trasladarse.
Sabao explicó que la implementación del sistema fue acordada con las empresas y los trabajadores. “Se estableció un horario partido de común acuerdo, buscando sostener las fuentes laborales y mejorar la recaudación”, señaló. Bajo esta modalidad, los choferes cumplen jornadas divididas en dos turnos de aproximadamente tres horas y media cada uno, con viáticos dobles y francos durante los fines de semana.
No obstante, el sindicalista remarcó que la situación es crítica y que responde a un escenario más amplio que afecta al transporte en todo el país, con especial impacto en el interior. La falta de subsidios y las dificultades para afrontar los costos operativos colocan al sistema en una situación de alta fragilidad.
Aunque desde el sector aseguran que el servicio está garantizado, la reducción de frecuencias fuera de los horarios pico deja en evidencia una tensión creciente entre la necesidad de sostener la actividad y el derecho de los usuarios a contar con un transporte eficiente. Mientras tanto, la incertidumbre persiste y no se descarta que el conflicto pueda profundizarse en las próximas semanas.











